Seattle 2072

Misión:On the Run

Era una tarde lluviosa de un martes cualquiera cuando recibí un mensaje de Oichi. Había un trabajo en ciernes, pero era inmediato. No podía reunir a un grupo de profesionales en tan poco tiempo. No tuve más remedio que conformarme con algunos conocidos y “ocasionales” del sector.

Al parecer mi viejo allegado quería quedar bien. Él siempre fue fiel bajo mi mando. Se haría un buen trabajo y se haría por él, el precio era secundario. El Mr. Johnson se empeñó en conocer a todo el equipo, por mucho que yo me esforzara en negociar a solas con él. En fin, la prima máxima: el cliente siempre tiene la razón. Esa noche les reuní a todos frente a las puertas de Infinity, una discoteca de moda en el Downtown de Seattle.

Adam O’Reilly: Mago, razón más que suficiente para tenerlo a bordo. Ex-Lone: sin comentarios. Veremos qué tal se porta haciendo su trabajo, si cumple no me molestaría tenerlo en un equipo fijo. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase A.

Prongol: Nuestro muro de carne, simple y efectivo. Ex-Lone también. Reparte duro y encaja más duro aún. Fácilmente manipulable. Mejor por mí que no por otro. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase E.

Winston Lee: ‘rigger’, la nueva pieza. El contador casi se volvió loco la primera vez que lo activé. Recién llegado a la ciudad, equipo a la última, veremos qué tal sobre el terreno. Fama de borracho. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase A

Whiskarl: todavía me pregunto si he llegado a mi límite de desesperación incluyendo a este tío en mi grupo de trabajo. Pistolero, de los mejores que he visto; indisciplinado, inconstante, falto de atención y concentración, tiene el don de la inoportunidad. Todo un elemento. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase C.

Sólo el hecho de verlos reunidos para entrar en la discoteca fue un espectáculo digno de lástima. Ni un nombre falso, ni uno arreglado, ni siquiera duchados. Habíamos quedado con un puto Mr. Johnson y aquello parecía una guardería. El mago estuvo bien y se coló sin más. El troll la armó en puerta con sus pintas; le sajaron la vida pero entró, no sé como, pero entró. Whiskarl no tenía ni para la entrada; tuve que crearle una distracción. El otro sencillamente pagó y pasó. En fin, mal empezaba la cosa, aunque bueno, mejor allí que no delante del cliente.

El contacto era una camarera elfa, intentó hacerse la tonta y sacarme unos ‘nuyens’ por la información pero cuando le dejé claro que no estaba jugando cantó como un pajarito. Segundo piso, sala azul, ‘Codepass’: ‘Honey’ y allí estaba él. Era un troll con un tupé a lo rockabilly: buen traje, buenas maneras y seguro que buen negociador. La cosa iba a ser complicada. Miré de reojo y vi todo lo contrario en los zopencos que me acompañaban. Su carta de presentación fue asaltar el mueble bar, cojonudo. Whiskarl ya iba rebozado en alcohol y… ¿nata? ¿De dónde coño la había sacado? El ‘rigger’ también empinaba el codo, se le notaba, de vez en cuando lubricaba sus penas con otro tipo de sustancias. El troll estuvo en su sitio, hizo sólo una pregunta y ademas útil. Parecía que al menos uno o dos se salvarían de la quema de brujas.

El trabajo parecía sencill, esos eran los peores. Recuperar un disco de un formato en desuso que contenía ‘data’ musical; como imperativo se añadía eliminar posibles copias de dicho ‘data’. Jugué duro, me arriesgué y renuncié a una gran cantidad por anticipado para cobrar más al final. Al Mr. Johnson pareció gustarle mi estilo: añadió unos jugosos contactos en el sector y yo incluí la posibilidad de renegociar algunos términos si la cosa se “complicaba” en exceso. Aún y así el tío me ocultaba algo y no conseguí sonsacárselo, eso me mantuvo alerta y tras unas gestiones en la Matriz descubrí la identidad de nuestro contratante: Darius St. George, un mánager menor de la industria musical. Los rumores decían que alguien muy gordo le cubre las espaldas y que esto es sólo un ‘hobby’ para él; otro motivo más para extremar las precauciones.

Me fui, dejando a aquellos de juerga en el Infinity. Empecé el trabajo adentrándome en la Matriz, buscando información sobre alguien que quisiera venderle un disco a alguna discográfica o a alguna estrella en ciernes, ‘et voilá!’:Nabo. Un orco del ‘ghetto’ venido a más, una supuesta estrella en ciernes, cuyo origen es un banda llamada los Colmillos Negros. Corrían rumores de que alguien le había ofrecido unas canciones de una estrella de rock muerta. Ya teníamos por dónde empezar…

4-10-15

Al parecer esa misma noche Nabo tenía un concierto en plan intimista, chusma con chusma en un sitio para la chusma, en una nave industrial en Redmond. Un caldo de cultivo único para una buena tunda a la gente de bien que se atreviera a pasar por allí. Mi objetivo era claro, sabía un lugar y sabía una hora; mientras Nabo tocara en directo me infiltraría en su ‘commlink’, copiaría el ‘e-mail’ y saldría. No esperaba mucha oposición y no quería líos, así que decidí hacerlo desde casa para no mezclarme con esa gentuza; por otro lado aprovecharía para supervisar la manera de desenvolverse de los demás. No di ni una orden a ver qué hacían y lo que pasó me dejó sin palabras.

9-10-2015

Setenta y dos kilómetros trescientos cuarenta y cinco metros, cuatro minutos treinta y siete en entrar coger los datos del teléfono y salir. El ruido añadía dificultad a la operación. Doy la orden de retirada. El troll estaba haciendo su papel de músculo, se infiltró con una acreditación entre el personal. Y de repente los imprevistos:

El mago se había encaramado al tejado y le había hecho algo a Nabo, algo que lo dejo grogui en pleno concierto; el ‘rigger’ había abandonado su posición de tiro dejando vendidos a sus compañeros para ir a ver qué coño hacía el mago y Whiskarl estaba en el ‘backstage’. Justo en ese momento envía un mensaje: – ¡Lo tengo! – grita el tío mientras oigo el ruido de una ventana estallado de fondo y en ese mismo momento el ‘rigger’ abre fuego en el tejado. ¡La han jodido, los han pillado!

Mi mente empieza a separarse cada vez más de mi cuerpo a medida que voy percibiendo lo que me rodea en la Matriz: uno, dos, tres y hasta cuatro drones. Una pequeña horda de MC-Flies pisándoles los talones. Me aproveché de mi invisibilidad. Eran modelos modificados con buenos sistemas de grabación y seguimiento pero no parecían tener a ningún profesional detrás. Debía ser cosa de los colegas de Nabo, los Colmillos Negros. Empiezo a marcarlos mientras los drones se despliegan, eso me revelo a su maestro. Vuelan en simetría algorítmica difusa, un buen trabajo para la PAN de un ‘rigger’, además de eso los Colmillos Negros se echan encima del equipo y yo con la OS por las nubes; sólo tenía una oportunidad.

- “¡A mi señal doce segundos para salir por piernas, luego estaréis solos. Whiskarl, ¡deshazte del puto commlink!” Aguanto lo que puedo el estrés mental mientras llevo la OS al límite, cuando parece que la amenaza de ‘demiGOD’ es inminente consigo marcar su RCC, edito el archivo de grabación e invierto la polaridad de registro a un canal adverso desconectándole de golpe. Los drones pasan a piloto automático. – “Salid de ahí cagando leches”. Prongol abre camino, es como una puta locomotora; a veces le da un nuevo sentido a la palabra dolor. Whiskarl le endosa el ‘commlink’ a un ‘dealer’, rápido y furtivo, suficiente por ahora, pero no lo suficientemente rápido para vacilarle a un orco y volver a casa con la cara caliente. El mago ha desaparecido, buena señal; y el ‘rigger’ parece una niña de quince años con acné en medio del baile de fin de curso, un pollo sin cabeza corriendo de acá para allá. Consiguen huir, por muy poco. Ahora es cuando debo valorar si vale la pena o no jugarme la sesera por esta panda.

Tenemos los datos. Me pongo tras el rastro de Zipper, la novata que cifró el mail, mientras les doy la charla. No sólo por mi bien, sino por el suyo. Otro patinazo así y estamos todos jodidos. Les doy donde duele: en el orgullo, en el bolsillo, en la reputación y en la posibilidad de no trabajar de nuevo. Prefiero eso que caer con ellos…

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