Seattle 2072

Misión: On the Run V

Ahora vengo.-les digo a mis compis ubicado enfrente la puerta de la mécanica “furgo” negra del ex-militar, me bajo mientras Lee discute con Whiskarl sobre esa cajita que les dieron esos chinos. Estoy cerca de la acera, que esta destrozada entre la tierra hasta el asfalto, el vehículo me deja atrás y camino hacia una lugar de aprovisionamiento, aqui en Redmond no hay casi nadie, hoy es una madrugada extraña y mas oscura de lo habitual.

Veo la furgoneta partir hasta doblar un par de manzanas abajo, hacia su taller no muy lejos de aqui. Me dirijo al bazar 72h Azlfo, con su portal de neones rojos y verdes. Me atiende un oriental bajito y moreno, me paro en su caja y le doy sus 12,37 Neo-yens. Salgo de camino a por mis colegas y saludo a un orco que hacia tiempo que no veía, su tez es gris y arrosada en el cuello, se llama Wodo y es hijo de obreros, procede de família humilde y su hermano curró conmigo en la pasma. Me dice que mataron a un tío suyo por un ajuste de cuentas con la mafia, lo llamaban “daño colateral” mientras me enciendo un puro habano le comento: Hay mucho cabrón suelto y los inocentes no merecen esto, la droga madre es el neo-yen y todos mamamos de ella asi que a la fukin mierda!. El orco asiente pues acaba salir del curro ahora, sabe que para los pobres la vida es aún mas dura. Le doy veinte neo-yens porque es buen tipo y me despido de él.

El garaje de Winston-Lee está aladrillado en su fachada lateral y tiene una parte faceta mecánica que contiene su gran puerta, en un lado y otro sendos pequeños habítaculos anexionados. Queda bastante solitario en esos campos extensos de matorrales en Redmond, mientras me voy acercando como y bebo algunas porquerias que compré y con los últimos sorbos de estas hierbas hypervitaminadas: “Esto es un lujo” me dije. Madrugada con el sol que no sabemos si saldrá.. Casi vomito del olor que siento al entrar, alguien se ha cagado encima. Oigo algunas voces que parecen de Ghost y Adam. Mientras me voy acercando rodeando el vehículo, oigo a Whiskarl entonando a cada vez mas un poco mas fuerte la voz, parecían algo tensos discutiendo aun el olor aumenta al ir acercándome, al llegar veo al pobre de Winston tirado en el suelo rodeado de vómitos y excrementos, una baba que le caía por la boca de esa desquiciada cara que tenía. Yacía en el suelo al lado de unas sillas entre la ténue luz amarilla del habítaculo taller, parece ser que ha tenido una sobredosis de esos tripis digitales que se enchufan.

Cuando me ven llegar apenas se inmutan. Siguen discutiendo, sobre que hacer con Lee, Ghost está seriamente preocupado y se propone prescindir de él. Como la cosa va a más, comento “No os peléeis, si lo hacéis el enemigo sale ganando”. Me ignoran y siguen expresando sus emociones sobre que hacer con casi-cadaver que ahora es Lee. “Estamos en el gareje del ex-militar y estos aún no saben que nos siguen” me comento a mi mismo al sacarme un moco de mi amorfa nariz. Adam se acerca, se arrodilla y le pone las manos en la cabeza entonces ambos parecen sufrir un shock en el tacto. Lee empeora aún mas en salud y Adam sufre un vaiven en su cabeza que casi le hace colisionar con la de su víctima, luego calma y unos minutos después: Adam se levanta y nos comenta que durante su vida militar trabajó para Ares, que es soldado de élite y que lo estaban buscando para recuperarlo por orgullo. También escapó de una prisión de alta seguridad, ha estado en varios continentes, reuninones exigentes con altos mandos dedicados al sector militar. Según parece tiene bastante valor, es una bomba de relojería en potencia, por eso mismo en detrimento de Ghost decidimos mantenerlo y lo llevamos a la sala pequeña sobre una camilla, Adam estaba realmente atónito ante lo que acababa de sentir.

Se recuperó en unas horas pero para poder moverse estuvo una mas, le oíamos hablar al principio, luego estuvo asolas sobretodo con Whiskarl tramando a saber qué, ciertamente está bastante dejado y destrozado tanto física como psicológicamente, desde el pequeño acceso craneal encima de la oreja, Ghost le reactiva los ojos y oídos via cable que va directamente a su consola, tecleando con velocidad endiablada en esa pantalla negra. Ahora sí, Winston pudo oír y ver, pero no actuar con su brazo mecánico, por precaución el shibuya decidió hacerlo luego, decidimos maniatarlo para comprobar si podíamos extraerle el GPS que llevaba encima pero no hubo forma, además el mismo no paraba de moverse sobre el suelo, aunque la fuerza era grande pude llegar a contenerlo. Justo al soltarlo se puso a gritar: No me toquéis!!, No me toquéis!! mirandonos con auténtico pavor. Lo llevamos al garaje de nuevo y sentado sobre la silla metálica le espetaron principalmente Ghost y Whiskarl el porqué de su comportamiento en medio de la misión, un juicio en toda regla, por eso Lee se disculpó ante todos. Decidimos que era el momento de ir a ver a Marley Brementon, eso hicimos.

Porfín habra tiros!!.- Dije. No te excites Prongol.- me respondio Case, tal vez sea mejor ir tranquilos. Donde podré redimirme??.- Me respondí en mi cabeza. Preparo el vehículo y me preparo a mi mismo chaleco, casco cargo mi preciosa metralleta, granadas, porra, etc. “será un buen día” pienso. El sol parece que ya empieza a asomarse en el día, tímidamente entre esta niebla tan densa. El reflejo ilumina el interior del vehículo, . Wiston.- le dije: Nosotros te protejeremos.- Suben los tres restantes esperando casi al final. Ghost prepara los utensilios para volver a la vida el brazo biónico del conductor, Whiskarl se codea con el hacker para ver hasta donde ceden, Adam queda distraído mirando a la nada con gesto serio se oye el rugir de motores, se abre la puerta del garaje y salimos directos a Downtown.

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Misión: On the Run IV

Aquí podéis relatar vuestro encuentro con Delphia, el Loto Amarillo y los BTLs snuff.

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Misión:On the Run III

Aquí podéis relatar vuestro encuentro con Stanley y las ratas del averno.

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Misión:On the Run II

16-10-2015 y 23-10-2015

La verdad es que me sentía algo decepcionado al averiguar tan fácilmente quién era Zipper: Willi Ishikawa, una enana lesbiana medio india que se dedicaba a los trabajos de poca monta. No se podía esperar otra cosa con ese currículum. Suele frecuentar un antro llamado el Resplandor Catódico, un lugar de reunión para deckers nostálgicos de las viejas ‘tech’, una panda de ‘old school’.

Fue lo suficientemente astuta para no darme muchos detalles sobre el disco cuando me hice pasar por un comprador interesado. Aún y así habló de más. Al parecer, el disco contiene canciones de Jet Black, la estrella de los cuarenta. Muere joven, en extrañas circunstancias, y sus ‘groupies’ a día de hoy aún le ven cenando de tanto en tanto en algún ‘soi-burger’.

Tras asegurarnos de que ella es sólo una intermediaria decidimos hacerle una visita. En nuestros términos, no en los suyos. Adam hizo su perturbador trabajo desde el plano astral, mientras Lee hacía lo propio con sus cacharros. Vivía en un bloque abandonado al norte de Redmond, algo adentrado en los territorios baldíos, demasiado para mi gusto. Descartamos el sitio por una banda local que protegía el edificio. Preferíamos un ambiente más íntimo para charlar con ella.

Esta vez el ‘rigger’ demostró algo de iniciativa y pinchó sus comunicaciones. Había quedado con una “amiguita”, Shocky, en el local. A medio camino hacia el metro la interceptamos. Fue milimétrico: Adam la “convenció”, Prongol la “ayudó” a entrar mientras le preguntaba no sé qué coño de sus combinados preferidos y Whiskarl la “desarmó” con sus encantos. Al poco tiempo tuvimos una agradable y educada charla en el taller de Lee, sonaba “A material girl in a material world”. Cantaba como un pajarito sin poder dejar de mirar por el rabillo del ojo el maletín cargado con pequeños y oxidados elementos cada cual más convincente que el anterior. Kerwin Loomis se llamaba su cliente y estaba interesado en vender el disco. No sabía mucho más de él, pero sí dónde encontrarle: La Coda, un bareto de jazz de mala muerte situado también en los malditos baldíos de Redmond.

El acuerdo fue simple, si ella no nos jodía nosotros no la jodíamos ni a ella ni su amiguita; su propio ‘cyberdeck’ sería la garantía. Una vez los términos quedaron claros los chicos la acompañaron para que no llegara tarde a su cita; pero se pasaron de galantes y cometieron el error de dejarla en la puerta del Resplandor Catódico. Nunca sale todo redondo, pero ciertamente desde mi confortable sofá pude divertirme mucho viendo cómo Lee, que había decidido ir con su PAN aislada de la mía, intentaba sortear los ataques de varios ‘deckers’ cabreados. Por otro lado sonreía pensando en cómo la enana acababa de desperdiciar su garantía de devolución. Esa presencia inesperada de una buena inyección de ‘nuyens’ merecía un brindis con un buen vino…

30-10-2015

Mientras los chicos se tomaban un respiro y Lee echaba un vistazo a su humeante ‘control rig’, dejé fluir los datos por mi mente. Ciertamente el ronroneo de la conexión es algo relajante, que me da seguridad. Una herramienta de poder sobre los demás y una vasta red de información.

Clarence Loomis, el padre de nuestra presa, había sido un importante empresario discográfico. Él había lanzado a The Shadows, la vieja banda de Jet Black: Marli Bremerton, Sid Id, Ernest Hawkings y el difunto Joey Nightmare. A finales de los cincuenta, sin Jet Black entre ellos, el grupo se disolvió dejando a Apogee Music metida en otros proyectos. Eso significaba una cosa: nuestro Mr. Johnson no era trigo limpio y los derechos hereditarios de Loomis eran auténticos. Eso tal vez valiera un aumento en la prima acordada.

La Coda reunía a la creme de la creme de una barrio de mierda, pegado a un gran desguace. El olor a ‘gasoil’ y orín era abrumador. Pude pasar desapercibido y colarme en un lavadero abandonado situado cerca de aquel antro, mientras Whiskarl se mimetizaba con la fauna local para entrar a tomar algo. Por otra parte Lee había advertido presencias en el desguace y Adam había tenido un encuentro indeseado en su mundo astral. Alguien nos pisaba los talones. La contrarreloj para conseguir el disco acababa de comenzar…

Parecía que la mecha ya llevaba tiempo prendida y con nuestra llegada todo explotó. Whiskarl huía de los Trashers, los traficantes de BTLs locales. Le perseguían para ajustar cuentas con él. Alguien se había ido de la lengua. ¡Puta enana de los cojones!. Al final de la calle Winston Furgoneta-Lee recogía al gato mojado mientras serpenteaba con maniobras imposibles entre los pandilleros a la par que estos malgastaban munición con el vehículo. Un impecable derrapaje hacia la izquierda hizo saltar gravilla suelta del pavimento, la cual salio disparada en forma de metralla contra los cuatro ‘junkies’ que permanecían cerca de la puerta. Aquellas sabandijas que aún podían moverse huyeron arrastrándose a los callejones más oscuros de aquel inmundo erial. Whiskarl y Lee se parapetaron en las puertas de la furgoneta justo antes de entrar al local, pero esta vez alguien había sido más rápido que ellos. Alguien a quien su inteligencia le llevaba persiguiendo décadas, pero él siempre había sido más rápido.

Allí estaba Prongol poniéndose en pie, sacudiéndose el polvo, gruñendo levemente como si se desperezara de buena mañana. El muy animal había saltado del vehículo pretendiendo agarrarse a un farola para amortiguar su impacto. La farola colgaba doblada contra la fachada del bar chisporroteando incontroladamente con la silueta del troll marcada a media altura formando un extraño ángulo. Los cubos de basura estaban chafados como latas de refresco usadas bajo las posaderas de este y un agujero de cinco centímetros marcaba el punto de impacto contra la fachada de “La Coda” del único cuerno del inmenso troll. Los Trashers le vieron ponerse en pie con cara de asombro, dudaron un instante, sólo un instante, pero captaron el mensaje a la primera: ésta no era su guerra y nadie había venido a buscar problemas con un tipo tan jodidamente grande.

En ese momento el jefe del otro equipo encañonó al troll. – ¡No entres, es nuestro! – dijo con voz firme. Prongol se giró negando con la cabeza encajando así la ráfaga de un fusil de asalto casi a quemarropa. Mientras tanto yo había conseguido pinchar la frecuencia de nuestros rivales. Era un equipo bien pertrechado de mercenarios a sueldo, sus ‘ids’ indicaban la presencia de intereses corporativos en el asunto: Shangri-La. Cuando Prongol le encañonó con la ametralladora todos sabíamos que de ese mierdas no iban a quedar ni los zapatos así que me jugué el todo por el todo para no convertir aquello en el baño de sangre de un enfurecido troll fuera de control. Dos comandos secuenciados en un pulso simétrico, ‘pineados’ con un ‘fork’ pero con cargas inversas para maximizar el daño producido por la diferencia de potencial aplicado, y los implantes oculares de aquel tio estallaron sin previo aviso. El humo y las chispas lo dejaron aturdido a la vez que Prongol creaba una pantalla de plomo infranqueable obligando al otro equipo a correr buscando cobertura por sus vidas. Los mantuvo retenidos mientras el resto del equipo cruzaba el local, notaba la ausencia de Loomis y los rodeaba. No tuvieron posibilidad alguna. Sólo les quedó rendirse. Unas cuantas preguntas de rigor, armas descargadas, drones sin batería, un adecuado protocolo de seguridad y por si acaso Whiskarl consiguió colar el micro-dron de Lee en el equipo de uno de ellos. Eso nos daría tiempo de reacción en caso de futuros encuentros.

Por otro lado mientras los drones sobrevolaban el desguace yo ya me ponía en lo peor. El pájaro había volado a toda prisa, dejando incluso su ‘commlink’ atrás, donde era obvia la traición de Zipper. Eso no hacía más que dejar mi conciencia tranquila a la par que me reconcomía la posibilidad de haber arruinado aquel ‘run’. Al poco Adam trajo buenas noticias. Era la ventaja de tener un mago en el grupo, siempre tienen algún as en la manga. Loomis estaba herido y había huido por el desguace. No tardamos mucho en encontrarle metido dentro del maletero oxidado de un viejo utilitario. Se estaba desangrando. La herida era bastante fea y la higiene de ese guiñapo humano no ayudaba para nada a su curación. Adam le relajó mientras su magia fluía cerrando la herida. Lo que no le dijo es que otra parte de su magia se dirigía hacia su cerebro escaneando sus más profundos recuerdos: cómo lo consiguió, el recuerdo de su padre, los fracasos de su pasado, el intento de prosperar vendiendo el disco y la mierda de vida que llevaba. La historia clásica en la era de las corporaciones, sólo que él había tenido una oportunidad pero la había desperdiciado.

Por suerte las cosas habían salido bien, sólo Winston me decepcionó al final. Una broma fuera de tono y su carácter se torció. Una leve evaluación más sobre sus inseguridades, sobre sus miedos. La sensación de que tiene que superar algo le crea mucho estrés. Por tanto deduje que no soportaba bien la presión, cosa que asocié rápidamente a sus hábitos con la bebida. Me había fijado en todos, Prongol: tendencias suicidas, necesidad de ser recordado aún por su muerte, incapaz de volverse adicto a narcóticos por más que lo intente, posiblemente una distrofia cerebral por el proceso de goblinización. Adam: el mago cándido que se preocupa por todos, el único que se preocupó por Zipper, el único que se preocupó por Loomis. Supongo que el haber vivido injusticias le hace en exceso empático. Whiskarl: la caja de sorpresas, impredecible a la par que peligroso; mantuve una buena charla con él y me dió a entender muchas cosas. Una hábil tapadera de alguien con unas metas y aspiraciones complicadas.

Es necesario ir conociendo a tu equipo. Por mi parte seguiré analizándoles, midiéndoles y aprendiendo de ellos al igual que hago conmigo mismo. Conociéndome a mí mismo y a ellos no sólo perduraremos sino que prosperaremos…

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Misión:On the Run

Era una tarde lluviosa de un martes cualquiera cuando recibí un mensaje de Oichi. Había un trabajo en ciernes, pero era inmediato. No podía reunir a un grupo de profesionales en tan poco tiempo. No tuve más remedio que conformarme con algunos conocidos y “ocasionales” del sector.

Al parecer mi viejo allegado quería quedar bien. Él siempre fue fiel bajo mi mando. Se haría un buen trabajo y se haría por él, el precio era secundario. El Mr. Johnson se empeñó en conocer a todo el equipo, por mucho que yo me esforzara en negociar a solas con él. En fin, la prima máxima: el cliente siempre tiene la razón. Esa noche les reuní a todos frente a las puertas de Infinity, una discoteca de moda en el Downtown de Seattle.

Adam O’Reilly: Mago, razón más que suficiente para tenerlo a bordo. Ex-Lone: sin comentarios. Veremos qué tal se porta haciendo su trabajo, si cumple no me molestaría tenerlo en un equipo fijo. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase A.

Prongol: Nuestro muro de carne, simple y efectivo. Ex-Lone también. Reparte duro y encaja más duro aún. Fácilmente manipulable. Mejor por mí que no por otro. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase E.

Winston Lee: ‘rigger’, la nueva pieza. El contador casi se volvió loco la primera vez que lo activé. Recién llegado a la ciudad, equipo a la última, veremos qué tal sobre el terreno. Fama de borracho. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase A

Whiskarl: todavía me pregunto si he llegado a mi límite de desesperación incluyendo a este tío en mi grupo de trabajo. Pistolero, de los mejores que he visto; indisciplinado, inconstante, falto de atención y concentración, tiene el don de la inoportunidad. Todo un elemento. Amenaza Clase A/Vigilancia Clase C.

Sólo el hecho de verlos reunidos para entrar en la discoteca fue un espectáculo digno de lástima. Ni un nombre falso, ni uno arreglado, ni siquiera duchados. Habíamos quedado con un puto Mr. Johnson y aquello parecía una guardería. El mago estuvo bien y se coló sin más. El troll la armó en puerta con sus pintas; le sajaron la vida pero entró, no sé como, pero entró. Whiskarl no tenía ni para la entrada; tuve que crearle una distracción. El otro sencillamente pagó y pasó. En fin, mal empezaba la cosa, aunque bueno, mejor allí que no delante del cliente.

El contacto era una camarera elfa, intentó hacerse la tonta y sacarme unos ‘nuyens’ por la información pero cuando le dejé claro que no estaba jugando cantó como un pajarito. Segundo piso, sala azul, ‘Codepass’: ‘Honey’ y allí estaba él. Era un troll con un tupé a lo rockabilly: buen traje, buenas maneras y seguro que buen negociador. La cosa iba a ser complicada. Miré de reojo y vi todo lo contrario en los zopencos que me acompañaban. Su carta de presentación fue asaltar el mueble bar, cojonudo. Whiskarl ya iba rebozado en alcohol y… ¿nata? ¿De dónde coño la había sacado? El ‘rigger’ también empinaba el codo, se le notaba, de vez en cuando lubricaba sus penas con otro tipo de sustancias. El troll estuvo en su sitio, hizo sólo una pregunta y ademas útil. Parecía que al menos uno o dos se salvarían de la quema de brujas.

El trabajo parecía sencill, esos eran los peores. Recuperar un disco de un formato en desuso que contenía ‘data’ musical; como imperativo se añadía eliminar posibles copias de dicho ‘data’. Jugué duro, me arriesgué y renuncié a una gran cantidad por anticipado para cobrar más al final. Al Mr. Johnson pareció gustarle mi estilo: añadió unos jugosos contactos en el sector y yo incluí la posibilidad de renegociar algunos términos si la cosa se “complicaba” en exceso. Aún y así el tío me ocultaba algo y no conseguí sonsacárselo, eso me mantuvo alerta y tras unas gestiones en la Matriz descubrí la identidad de nuestro contratante: Darius St. George, un mánager menor de la industria musical. Los rumores decían que alguien muy gordo le cubre las espaldas y que esto es sólo un ‘hobby’ para él; otro motivo más para extremar las precauciones.

Me fui, dejando a aquellos de juerga en el Infinity. Empecé el trabajo adentrándome en la Matriz, buscando información sobre alguien que quisiera venderle un disco a alguna discográfica o a alguna estrella en ciernes, ‘et voilá!’:Nabo. Un orco del ‘ghetto’ venido a más, una supuesta estrella en ciernes, cuyo origen es un banda llamada los Colmillos Negros. Corrían rumores de que alguien le había ofrecido unas canciones de una estrella de rock muerta. Ya teníamos por dónde empezar…

4-10-15

Al parecer esa misma noche Nabo tenía un concierto en plan intimista, chusma con chusma en un sitio para la chusma, en una nave industrial en Redmond. Un caldo de cultivo único para una buena tunda a la gente de bien que se atreviera a pasar por allí. Mi objetivo era claro, sabía un lugar y sabía una hora; mientras Nabo tocara en directo me infiltraría en su ‘commlink’, copiaría el ‘e-mail’ y saldría. No esperaba mucha oposición y no quería líos, así que decidí hacerlo desde casa para no mezclarme con esa gentuza; por otro lado aprovecharía para supervisar la manera de desenvolverse de los demás. No di ni una orden a ver qué hacían y lo que pasó me dejó sin palabras.

9-10-2015

Setenta y dos kilómetros trescientos cuarenta y cinco metros, cuatro minutos treinta y siete en entrar coger los datos del teléfono y salir. El ruido añadía dificultad a la operación. Doy la orden de retirada. El troll estaba haciendo su papel de músculo, se infiltró con una acreditación entre el personal. Y de repente los imprevistos:

El mago se había encaramado al tejado y le había hecho algo a Nabo, algo que lo dejo grogui en pleno concierto; el ‘rigger’ había abandonado su posición de tiro dejando vendidos a sus compañeros para ir a ver qué coño hacía el mago y Whiskarl estaba en el ‘backstage’. Justo en ese momento envía un mensaje: – ¡Lo tengo! – grita el tío mientras oigo el ruido de una ventana estallado de fondo y en ese mismo momento el ‘rigger’ abre fuego en el tejado. ¡La han jodido, los han pillado!

Mi mente empieza a separarse cada vez más de mi cuerpo a medida que voy percibiendo lo que me rodea en la Matriz: uno, dos, tres y hasta cuatro drones. Una pequeña horda de MC-Flies pisándoles los talones. Me aproveché de mi invisibilidad. Eran modelos modificados con buenos sistemas de grabación y seguimiento pero no parecían tener a ningún profesional detrás. Debía ser cosa de los colegas de Nabo, los Colmillos Negros. Empiezo a marcarlos mientras los drones se despliegan, eso me revelo a su maestro. Vuelan en simetría algorítmica difusa, un buen trabajo para la PAN de un ‘rigger’, además de eso los Colmillos Negros se echan encima del equipo y yo con la OS por las nubes; sólo tenía una oportunidad.

- “¡A mi señal doce segundos para salir por piernas, luego estaréis solos. Whiskarl, ¡deshazte del puto commlink!” Aguanto lo que puedo el estrés mental mientras llevo la OS al límite, cuando parece que la amenaza de ‘demiGOD’ es inminente consigo marcar su RCC, edito el archivo de grabación e invierto la polaridad de registro a un canal adverso desconectándole de golpe. Los drones pasan a piloto automático. – “Salid de ahí cagando leches”. Prongol abre camino, es como una puta locomotora; a veces le da un nuevo sentido a la palabra dolor. Whiskarl le endosa el ‘commlink’ a un ‘dealer’, rápido y furtivo, suficiente por ahora, pero no lo suficientemente rápido para vacilarle a un orco y volver a casa con la cara caliente. El mago ha desaparecido, buena señal; y el ‘rigger’ parece una niña de quince años con acné en medio del baile de fin de curso, un pollo sin cabeza corriendo de acá para allá. Consiguen huir, por muy poco. Ahora es cuando debo valorar si vale la pena o no jugarme la sesera por esta panda.

Tenemos los datos. Me pongo tras el rastro de Zipper, la novata que cifró el mail, mientras les doy la charla. No sólo por mi bien, sino por el suyo. Otro patinazo así y estamos todos jodidos. Les doy donde duele: en el orgullo, en el bolsillo, en la reputación y en la posibilidad de no trabajar de nuevo. Prefiero eso que caer con ellos…

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Misión – El Ojo del Dragón

Un Mr. Johnson japonés ha citado al equipo en un restaurante oriental. Les ha propuesto robar los datos que una empresa posee sobre el Ojo del Dragón, un misterioso objeto de magia y tecnología híbrida que está en boca de todos en las calles. El equipo debe dirigirse a un almacén en el puerto de Seattle y después al Bonnham Metroblock, un macrocomplejo de oficinas y administraciones que consta de siete rascacielos de más de cien pisos cada uno. El trabajo está bien pagado, pero… ¿y si ese Ojo del Dragón es más valioso de lo que parecía en un principio? ¿Quién quiere los datos y para qué? ¿Dónde está ese trasto? Y, sobre todo, ¿nos estamos jugando el pellejo?

Misión – El Ojo del Dragón – Personajes
Misión – El Ojo del Dragón – Trabajo de campo
Misión – El Ojo del Dragón – Informe científico
Misión – El Ojo del Dragón – Informe mágico

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